Archivos en la Categoría 'Cosas que no importan tanto'

15
ago
09

Masiosare: un extraño enemigo

Hay un artículo bueno de una persona quién no conozco, que me llegó al email.  Su nombre es Juan Miguel Zunzunegui.   Lo reproduzco aquí porque realmente vale la pena leerlo.

Mis comentarios: En mi opinión, la “unión” de la que tanto se habla es mucho más difícil de lo que pueda pensarse.  En primer lugar, habiendo tantas voluntades tirando en todas dirección, se hace necesario someter por lo menos todas menos una a esa no incluida.  En otras palabras, se requiere de un liderazgo al que todos los demás (en una u otra medida jerárquica) puedan someterse, si no de buena gana, por lo menos teniendo la obligación moral de hacerlo.  ¿A qué me refiero?  A que no puede hablarse meramente de “unidad” si no estamos todos de acuerdo.  Y no podemos estar todos de acuerdo con miles de puntos de vista distintos.  Entonces, se hace necesario concretar un punto de vista en el que no solamente estemos todos más o menos de acuerdo, sino que sea el mejor posible.

Me escorchan todos esos imbéciles hablando de unidad (no de la forma que hace Zunzuegui) y que no comprenden esto: No es tan sencillo como parece.  No puede uno simplemente ir como un estúpido a someterse al primero que se le ponga enfrente diciendo que sabe cómo hacer las cosas.  Por otra parte, si no estamos dispuestos a someternos a alguien, jamás podremos estar unidos.

En resumen, siempre según mi opinión, se necesitan al menos de dos cosas para poder alcanzar esa unidad que por sí sola haría prosperar cualquier empresa—incluyendo una nación—(y entendiendo “unidad” como ‘tirar todos para un mismo lado y trabajar para un propósito en común’).  Los norcoreanos están muy unidos, cierto, pero unidos para sandeces y chocarrerías como la construcción de un arsenal nuclear para tener al mundo en vilo.  Esa unidad es una porquería.  Yo sé que en México hay muy buenas ideas, pero, si nadie quiere trabajar para lograrlas, ¿de qué diantres sirven?

¿Se entiende a dónde quiero llegar?  Se necesita de una renovación del entendimiento de las masas (sí, seguro, como si eso fuera a ocurrir antes de la Segunda Venida de Jesucristo) para que estén dispuestas a someterse, pero a un liderazgo sabio y benévolo.  Una “dictadura” o “monarquía” justa y bondadosa.  Dicen que cada nación tiene el gobierno que se merece, y lo que vemos en nuestro país es solamente una manifestación de dicho axioma.  No estoy hablando de un Porfirio Díaz o un Adolfo Hitler.  Estoy hablando de un ministro sabio y justo.  Hasta donde sé, aparte de la obra de Jesús en los hombres, no existen hombres así (si a alguien se le ocurre mencionar a Ghandi, permítanme recordarles que fue asesinado, y que hombres en dicho estado no sirven de mucho).  Solamente dense a la tarea de ver la clase de líderes que cada filosofía devuelve.  ¿Comunismo? Lenin, Stalin, Castro, Mao.  ¿Fascismo?  Hitler, Mussolini.  Igual.  ¿Emperadores?  Tokuwaga, Meiji, Napoleón, Qing, Ming.  Igual.  ¿Dictadores?  Diaz, Franco, Putin.  Igual.  ¿Presidentes? Fox, Obama, Salinas.  ¿Disidentes? Subcomandante Marcos, López Obrador.  ¿Qué tienen en común?  Que son mentirosos patológicos y megalómanos paranoicos.  Algunos (la mayoría) asesinos.  Chulo negocio.  En fin, al artículo.  Estoy seguro de que se va a entender mucho más lo que acabo de escribir después de leerse esto.  Vale la pena.

> MASIOSARE: UN EXTRAÑO ENEMIGO
> Por Juan Miguel Zunzunegui
> Masiosare, ese extraño enemigo del que se hace mención en nuestro himno
> nacional, ha reaparecido y está nuevamente entre nosotros: profanó con su
> planta nuestro suelo y está listo para destruir a México.
>
> Lo triste es que Masiosare es extraño pero no extranjero y de hecho ha
> estado eternamente entre nosotros; el principal y más terrible enemigo que
> ha tenido por siempre el mexicano y es el mexicano de al lado, dispuesto a
> hacerlo pedazos.
>
> Los mexicanos tenemos esa terrible y maravillosa tendencia a achacar todos
> nuestros problemas a alguna misteriosa y maquiavélica fuerza ajena a
> nosotros: perdemos el mundial porque el árbitro está en contra nuestra; en
> las olimpiadas los jueces de la caminata están en contra de los mexicanos;
> Fernando Platas no le cae bien a los jueces de clavados y por eso lo
> califican mal; seríamos ricos si los españoles no nos hubieran
> conquistado; seriamos potencia si los gringos no nos hubieran quitado el
> territorio del norte y hubiéramos ganado el mundial del 94 si Mejia Baron
> hubiera hecho los cambios y metido a Hugo Sánchez. Por supuesto, López
> Obrador hubiera ganado si no fuera por el complot de la derecha
> internacional orquestado, con el cariño de siempre, por el osito Bimbo.
>
> Nunca se nos ocurre pensar que los problemas de los mexicanos pueden ser
> culpa de los mexicanos, principalmente porque somos enemigos unos de
> otros. En casi todos los países del mundo, el ataque de un extranjero
> provoca la unión del pueblo por más dividido que esté. Aquí nos divide
> mas.
>
> El presidente de TODOS los mexicanos (aunque hayan votado por otro
> (partido) se llama Felipe Calderón. El señor se fue a una gira por Europa
> que tuvo bastante éxito y en la que desde luego nos dejó mucho mejor
> parados que su antecesor. En esta gira hubo cosas interesantes, se
> promovió al país, se le dio buena imagen, se dio confianza al
> inversionista. .., pero las noticias en México le dieron más importancia a
> los berrinches del Mico Mandante Chávez.
>
> Calderón, representante de todos los mexicanos, habló de unidad en
> Latinoamérica por encima de izquierdas y derechas.
>
> Mico Mandante Chávez no perdió oportunidad para arremeter en su contra,
> insultarlo y burlarse de él y por tanto, del pueblo de México.
>
> De inmediato los diputados y senadores del PRD y otros partidos hicieron
> la ‘Cargada’. .. , pero del lado del Venezolano: es necesario restablecer
> la relación con Venezuela, sin importar los insultos que su presidente
> inflija al nuestro.
>
> Hace poco el señor Bush habló ante su parlamento, dominado por la
> oposición. Fue presentado por la presidenta parlamentaria, de oposición
> también, quien en vez de tomar la tribuna y manchar de café su bandera se
> dirigió a los presentes diciendo: ‘Tengo el honor de presentarles al
> presidente de los Estados Unidos de América’. No lo quieren, es su
> enemigo, su oposición, no es popular, pero es el presidente.
>
> Aquí lo obligamos a entrar a escondidas a la Cámara.
>
> Calderón va a España a hablar con el presidente Zapatero y ese mismo día
> se le adelanta el líder de su propio partido, un loco, radical, megalómano
> ansioso de salir en los medios; para decir que Zapatero hace mal las cosas
> y que en realidad no está combatiendo el crimen organizado y el
> terrorismo.
>
> Esos errores no son casuales. Enemigos internos. ‘Fuego amigo’. Ya ni
> hablar del gabinete alterno que dentro del PAN están formando los ex
> funcionarios, como Abascal, Derbez y el mismísimo Fox. ¡Señores, ya se les
> acabó su sexenio, hay que cerrar el ciclo, pasar a lo que sigue.
> Maduren!
>
> Fox era muy malo para la diplomacia, terrible; pero lo que le hizo Castro
> de grabarle conversaciones y publicarlas es una canallada, digna eso si,
> de un dictador senil. Los diputados y senadores de la oposición fueron al
> monumento a José Martí a colocar una ofrenda al pueblo cubano en
> desagravio.. ., ¡y nuestro agravio… ¿qué?!
>
> Hace cien años decía Porfirio Díaz: la razón por la que le va mejor a
> Estados Unidos es que una vez que alguien gana la presidencia, el pueblo y
> los políticos se le unen para trabajar por la nación. En cambio en
> México, en cuanto alguien toma el poder, todos, enemigos y
> antiguos amigos, se ponen en su contra. Eso fue hace cien años y pudo
> haber sido dicho ayer.
>
> Mexicanos al grito de guerra… pero entre nosotros. Y este es el meollo
> del asunto, nos atacamos entre todos cuando deberíamos unirnos porque es
> una costumbre histórica heredada de generación en generación. Cuando
> México firmó su acta de independencia, el 27 de septiembre de 1827,
> nuestro primer día como nación libre, comenzaron los golpes. Unos querían
> un imperio, otros monarquía.
>
> De ellos, cada quien con un rey distinto, Otros más se decantaban por la
> república, pero unos la querían federal y otros centralista. Eso nos hizo
> pelearnos todo el siglo XIX.
>
> Cuando por fin los más importantes paladines de la independencia se
> pusieron de acuerdo, formaron un congreso que nombró emperador a Iturbide
> como Agustín I; al día siguiente, aquellos que pelearon a su lado ya
> peleaban en su contra. Nuestro primer presidente, Guadalupe Victoria,
> encontró a su peor enemigo en su vicepresidente, Vicente Guerrero, quien
> al llegar a la presidencia encontró a su peor enemigo en su
> vicepresidente, Anastasio Bustamante. Otros grandes antagonistas fueron
> Benito Juárez y Sebastian Lerdo de Tejada, siempre que fueron fórmula de
> gobierno.
>
> Y esa tan lamentada invasión gringa en la que perdimos medio territorio
> todo mexicano la recuerda, pero casi ninguno conoce los pormenores.
> Mientras los ejércitos invasores avanzaban por territorio nacional
> nuestros líderes se peleaban entre si por el poder. Dos Marianos eran los
> protagonistas políticos de la época; el presidente Mariano Paredes,
> al mando del mejor ejército del que México había dispuesto en su historia,
> en vez de defender a la nación de la invasión lo usó para conservar el
> poder. El otro Mariano; Salas, estaba en la capital proclamando la
> monarquía. Los yanquis desfilaban sin mucho disturbio a Palacio Nacional.
>
> Y en la famosa Revolución Mexicana todos nuestros ‘héroes’ se mataron
> entre si. Todos han pasado a la historia como buenos y tienen sus nombres
> en oro en el Congreso; pero el héroe Carranza mató al héroe Zapata, el
> héroe Obregón mató a los héroes Villa y Carranza y el héroe Plutarco Elías
> Calles mató al héroe Obregón. Por cierto que el héroe Calles fue expulsado
> del país por el héroe Cárdenas.
>
> El proyecto de Guerrero era quitar a Victoria, el proyecto de Bustamante
> era quitar a Guerrero; el proyecto de Santa Anna era quitar al que
> estuviera; el de Juárez fue quitar a Santa Anna y el de Díaz quitar a
> Juárez. Madero tuvo un proyecto: quitar a Díaz; Obregón quitar a Carranza
> y Calles quitar a Obregón. El proyecto de Fox era quitar al PRI…El
> proyecto del ciudadano López es quitar a Calderón.
>
> Y en torno a esto último deberíamos reflexionar, sobre aquellas palabras
> citadas de Porfirio Díaz: ya es hora de que dejemos de unirnos para atacar
> al presidente, ya es hora de que el proyecto de nación deje de ser quitar
> al que tiene el poder.
>
> Aunque el gringo promedio es Homero Simpson, son potencia mundial porque
> trabajan en equipo y porque a pesar de todo respetan a sus instituciones y
> a su presidente, mientras aquí Fernández Noroña trata de salir en la tele
> golpeándose contra el Estado Mayor.
>
> En este momento decisivo de nuestra historia vemos una vez más a Masiosare
> enfrentando a todos contra todos. El ciudadano López Obrador está
> dispuesto a destruir y reventar este país antes de dejar que lo gobierne
> alguien que no sea él.
>
> Dicen que el pueblo unido jamás será vencido…
>
> ¿Cuándo será el día en que México esté unido?
>
> Tal vez ese día si logremos derrotar a Masiosare, ese extraño enemigo.

01
ago
09

Desánimo

¡Válgame!

He dejado pasar mucho tiempo.  Se trata de motivación.  También tengo que confesar algo: un blog en español quizás no es tan popular como uno en inglés, y mucho menos si no tiene muchas imágenes, video y todas esas cosas que no requieren mucho esfuerzo para ser absorvidas.  Pero tengo que añadir, no mucho a mi favor, que tenía planeado escribir un buen recuento después de las elecciones federales ahora que fui funcionario de casilla… desde entonces no he escrito nada.

Yup, pereza.  O procrastinar, más bien dicho.

Así que, me doy cuenta también de lo siguiente: pareciera como si prácticamente todo el mundo estuviera en la misma página.  No puedo sino dibujar una patética media sonrisa en mi cara, y recordar cómo Jesús dijo una vez que “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”  A veces admiro y otras tantas siento una tremendísima pena por todos esos zombies que trabajan en el periódico y la televisión: no importa cómo, cuándo y dónde, pero el show tiene que seguir.  Hay que llenar los espacios, seguir produciendo material, dejar a la gente entretenida aunque tenga que llegarse al extremo de lo ridículo y soez en el peor de los casos, o al de lo patéticamente inútil en el mejor.

Aunque bueno, hay que admitir que ciertas cosas son todavía divertidas en televisión, o interesantes de leer en el periódico…

…una de cada setecientas veces.

Así es.  Estoy viendo cómo el desánimo se está apoderando de esta generación.  Tan cierto como que se apodera de mí, sin dejar a dónde moverme.  Me sorprendí a mí mismo esta mañana aburrido y sin ganas de hacer nada, tratando casi desesperadamente de encontrar algo con qué entretenerme.  Todavía es hora de que no sé como diantres pude convencerme de escribir algo.

Y también, si busco, puedo encontrar mil cosas qué hacer.  Pero es extraño.  Pareciera como si el mundo entero estuviera empeñado en influenciarme de tal manera–sin que logre darme cuenta de ello–que simplemente pierda los deseos de hacer las cosas.

Creo que en buena medida ahí estriba la diferencia entre los genios y prodigios: posiblemente no hayan sido tan privilegiados con un cerebro o físico extraordinarios, sino que sencillamente pudieron encontrar sus motivaciones en el interior, no en el exterior.  En otras palabras, ¿por qué habiendo gente que habla cinco idiomas, yo solamente puedo hablar dos, y eso apenas?  ¿O por qué hay personas mejores que uno en la música, las artes, la ciencia, el trabajo y cuántas cosas hay?  Me acuerdo de cierta persona que pasa todas sus tardes, sin excepción, en estado vegetativo frente a la dos veces maldita caja idiota.  Oh, y no me dejen empezar con eso.  Las últmas películas de moda han sido un tributo al estúpido.  No he podido encontrar algo decente que me haga levantarme de mis posaderas para hacerme ir al cine durante… creo que desde el año pasado.

Se nos escorcha y escorcha con aquello de que el tiempo es lo más valioso que tenemos.  Pero la triste realidad es que lo desperdiciamos de maneras todavía más tristes.  Me avergüenzo de decirlo, pero tan solo ayer, pasé varias horas leyendo manga, simplemente porque meterme en una historia alterna medianamente interesante me era más atractivo que hacer algo que… digamos, fuese un poco más trascendente.

Argh

Es más.  estuve pintando algo.  Voy a poner la foto en un momento.  Creo que voy a dibujar algo más y regalarlo.

30
jun
09

¡Mirad! ¡Se *siente* como activismo!

Desde hace un par de semanas, han venido circulando por internet un montón de emails concernientes a las próximas elecciones federales en México.  Estoy más o menos enterado del asunto porque fui elegido como funcionario de casilla–primer escrutador, para aquellos a los que les gustan los detalles.

Tristemente, los candidateables no son lo que pudiésemos llamar “ejemplos claros e indiscutibles de justicia y equidad,” y en algunos casos hay colas kilométricas qué pisar.  No es necesario que haga mención a fondo de ciertos argumentos, como el de que tales individuos saltan de diputaduras a cabildeos, municipalidades, gobernaturas y de regreso.  Tampoco tengo que hacer mención de la corrupción imperante que no es síntoma exclusivo del sistema político mexicano, sino del corazón humano en general.  Como bien dijera una vez Arthur Katz: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.”  Y aunque gracias al cielo aparentemente nadie goza de poder absoluto en mi país (que yo sepa) sí hay un corrompimiento directamente proporcional al nivel de poder del que se goce, pero eso es otro asunto.

Ahora bien, me topé con un artículo interesantísimo en Newsweek, por Evgany Morozov que denuncia un fenómeno bastante curioso:  nos ha ocurrido a todos.  Un compa nos forwardea un email pidiéndonos que firmemos una petición en línea o que nos unamos a un grupo de Facebook (odio esa porquería–disculpen el tantrum) por una noble causa como salvar a Darfur o detener la deforestación.  O en este caso, votar nulo (cosa que yo personalmente pienso hacer).  La mayoría de nosotros, ya sea por respecto al amigo o porque estamos de acuerdo con el asunto, hacemos click en ACEPTAR, a menudo sin darle nada de importancia.  ¿No hay problema?  ¡Además es gratis!

La proliferación del email y de grupos ciber-sociales como Facebook (odio esa porquería, y esto no fue tantrum) ha dado origen a un tipo nuevo y particularmente superficial de activismo.  Lo único que hace es pedirle a los que leen que hagan unos pocos clicks con el mouse y todos nos vamos a sentir rico y tibiecito por dentro.  Pero estas campañas vacías no logran mucho, si eso que algo logran, para realizar cambios sociales.

Este ejemplo me gusta.  Una de las campañas más populares de Facebook (¿ya les dije que odio esa porquería?), enarbolando el título de “Salvemos a los hijos del Africa” (save the children of Africa) tiene más de 600,000 miembros, quienes han recaudado la grandiosa suma colectiva de $2,801 (o 0.4 centavos cada quien).  Su “salón de la fama” tiene a lo alto un reclutador que ha persuadido a 118 personas para que se unan a la causa; al máximo contribuyente que donó $115; un patrocinador de fábula con $210.  La mayoría de estas discusiones en internet tienen vículos a otros grupos similares y a foros de mensajes auto-congratulantes.  Ahora, si somos honestos y en vista de la risible cantidad de dinero reunido, uno no puede mas que preguntarse qué bien están haciendo en realidad.

Unirse a un grupo de estos, o simplemente enviar un email es quizás una de las actividades políticas de más bajo costo imaginable, envolviendo exactamente cero gramos de dedicación y compromiso comparados con–digamos–salir a protestar.  No hablemos de involucrarse en el arduo trabajo organizacional requerido por actividad política real.

Un compañero en el trabajo me hacía notar que en esos emails no hay tal cosa como datos comprobables.  Por ejemplo, se nos dice que una casilla electoral con 20% de votos anulados, anula la casilla, y que puede escalarse lo mismo a la sección y luego al distrito.  Pero no haría nada de daño incluir el artículo, sección, párrafo y línea de… oh, digamos, la ley electoral para darle algo de peso al asunto.  Para que se entienda, la diferencia entre tener respaldo, biografía o pruebas fehacientes de lo que se dice es la misma diferencia que hay entre una pluma y varias toneladas de ladrillos.  ¡Pruebalo!

Otro punto que hay que añadir es aquél que dice que el acceso a esta clase de información en línea requiere de una computadora, y de acceso a internet, cosas ambas inaccesibles para alguien por debajo de clase media-baja, media-media.  Me pregunto qué pasaría si todos esos ciber-activistas se tomaran la molestia de difundir sus puntos de vista entre toda esa gran cantidad de gente que jamás va a ver lo que tengan que escribir–eso me incluye.  Esa es la razón por la que hubo prácticamente un empate tecnico en las pasadas elecciones presidenciales, cuando aquél loco casi se convierte en el líder de nuestra nación.  ¡Oh, la ironía, y eso que no estoy metido en la política!  Con razón Quino decía que se trata de una “mala palabra.”

Solamente para terminar… más vale que no sea tan glamoroso, pero que por lo menos consiga algo.  En fin.

05
may
09

Dirigiendo en una Boda

Esta es una de las entradas más populares que alguna vez haya yo escrito en el Fuego Cruzado.  Creo que vale la pena publicarla aquí y hacerla disponible en línea.  Luego le pediré permiso a Fernando para publicar la música de su boda en sibeliusmusic.com; venga pues, el relato.

***

“Ya ha pasado mucho tiempo desde que dejé la pluma (que en realidad es el teclado) sin utilizar.  Si me dejan sumarizar lo que me ha ocurrido en el transcurso de los últimos meses, puedo hacerlo en dos palabras: no mucho.

Sin embargo, anoche me embarqué en lo que sería la última entrada para un proyecto de boda que oh, la ironía, no es la mía: componer la música para la fiestas nupciales de un amigo muy preciado.  El estará leyendo esto quizás después de muchos días, porque quiero suponer que durante la luna de miel, no se piensa en checar el email, y menos en leer lo que tenga que decir alguien quien no sea ella.  Siendo así, puedo decir que si me vuelvo a embarcar en otra situación de ésta envergadura va a ser hasta mi boda.  Componer música hasta para 11 instrumentos y dos voces que se supone estarán vibrando durante no menos de 40 minutos fue una empresa de dimensiones portentosas.

Estoy cansado, pero satisfecho.  Esperen, no puedo saber si estoy satisfecho hasta averiguar cómo va a sonar eso.  Baste decir que fui simplista en la orquestación hasta el punto de irritar a los músicos con mayor experiencia, pero no muy a mi pesar: el tiempo de ensayo ha sido tan escaso que haber complicado las piezas hubiera sido un arma de doble filo, además de aumentar exponencialmente el tiempo de composición: se corre el riesgo de que se trabe la pieza a la mitad.

Imagina esto.  La voz se eleva como en una espiral de plata fulgurante teniendo un cielo estrellado como fondo, subiendo, en espiral, subiendo, bajando, subiendo.  Con las notas más poderosas se enciende un chisporroteo de colores que alumbra la oscuridad de la bóveda celeste, mientras el auditorio contiene el aliento, casi sintiendo que el alma les está siendo arrancada del pecho, forzada a unirse a ese argenta espiral de luz en su inexorable viaje a los cielos…

…cuatro días antes, me encontraría decidiendo con qué nota terminar la frase más dramática del canto.  ¿Un “si bemol” sobre-sobre agudo?  Casi puedo escuchar el tronido de las cuerdas vocales (es vocales, no bucales, como muchos de ustedes piensan), pero decido que la nota es necesaria para lograr el propósito de la melodía.

Pero mi imaginación me jugó una de esas pasadas que deviera de tener más a menudo para estar siempre del lado seguro de las cosas.  Volviendo al fulgurante rayo de luz plateado en medio de la noche, justo cuando los que escuchan piensan que van a morir de emoción…

Un gallo.

Un gallo atómico, tremendo, inconfundible y contundente.  De esos que pueden tornar algo de ensueño en una pesadilla de terror inescapable en menos de lo que se termina de leer esto.  ¿Se acuerdan del hilito de plata?  Es como si la imagen de éste se desintegrase para darle lugar a una jauría de hienas salvajes en llamas persiguiendo a una foca blanca.  En una selva.  Granizando.

Después de un escalofrío tremendo, como para haberme sacudido todo el polvo si estuviera empolvado, regreso 4 días al futuro, y decido no usar ese “si bemol” basándome en algo de buen juicio y en las advertencias de mi propia imaginación.”

***

Ya pasaron más de dos meses desde aquello, y leyendo esto, se me escapó una risita en la parte de lo de las hienas persiguendo a la foca.  Hipotéticamente hablando, se entiende.

Llegué a la boda barrido, barrido como en final de la Serie Mundial a home.  Solo que esto no era home, sino primera base.  El último ensayo había sido maratónico y para colmo el tráfico estuvo horrible, como si toda la ciudad de Chihuahua estuviera empeñada en destruir lo poco que quedaban de mis nervios.  Para encontrar estacionamiento tuve que dar un par de vueltas alrededor del Santuario de Guadalupe y desembarcar a los músicos en el proceso.  10 de Octubre.  El día estaba fresco y límpio, y yo sin embargo estaba empapado en sudor.  Creo que hubiera podido competir con el novio para ver quién estaba más cerca del punto de ruptura que da lugar a la histeria.  Tocar en una iglesia católica, de gala, dirigiendo a un montón de músicos cuya música tú escribiste, estando al pendiente de la ceremonia de la boda de uno de tus mejores amigos era en sí una experiencia totalmente nueva.

El silencio previo a las ceremonias pudo haber sido descrito como casi sepulcral.  El jaleo que involucraba colocar a los músicos en posición amenazaba con dar al traste con ese silencio prácticamente sagrado.  Como todos ustedes saben, cuando eres parte de un auditorio normalmente pasivo y además estás a la expectativa de lo que acontece al frente–lo que sea, cualquier cosa puede acaparar inmediatamente tu atención.  Amplifíquese ese efecto a la triple potencia gracias a la quietud imperante y se comprenderá lo que sucedió a continuación.

Yo soy una persona más o menos servicial.  Cuando una de las personas encargadas de remover unos arreglos florales de la misa anterior pidió ayuda a quien pudiera dársela, me encontré de pronto con un masiva maceta de plástico que parecía contener la mitad de la selva lacandona en los brazos.  Di un paso hacia atrás y giré un poco.  Me pareció por un instante que la maceta oponía un poco de resistencia al movimiento–como si estuviera unida a algo–pero a decir verdad, no estaba unida a algo.  Estaba empujando algo.

Ese algo era un vaso de vidrio que contenía unas paupérrimas flores de la boda anterior, relleno de piedras de río.  Me enteré de aquello, por supuesto, cuando dicho vaso hizo contacto con el suelo, quebrándose en miles de pedazos, haciendo el mismo ruido que un trueno desgarrando de cabo a rabo al edificio entero.  Me pareció sentir más de doscientos pares de ojos clavados de súbito en la espalda.  Como dagas.  Y muy afiladas.  Afortunadamente, tuve la buena idea de no volver la mirada y seguí caminando con aquella cosa en los brazos como si no acabara de escucharse una de las trompetas del juicio final.

Tuve más cuidado con la segunda maceta, y para esto, la misma persona que me había pedido ayuda se las había arreglado ya para limpiar mi desastre (¿por qué no me sucede eso más seguido, que alguien que no sea yo limpie mis desastres?).  Pero sucedió que como el Padre ya estaba encaminado hacia el altar, tuve que cambiar de plan a último momento, y en lugar de dejar la maceta en la sacristía como decía el libreto, tuve que meter reversa y colocarla en el pasillo lateral derecho, junto a la puerta, a la altura de la cuarta banca.

Creo que a esas alturas ya todo mundo tenía identificado al chaparrito de lentes con una casaca negra de corte chino.

Para saber dónde hacer las entradas para las piezas de música, puesto que no estoy muy familiarizado con las diferentes etapas de la misa, Abel, amigo del novio, me iba a estar ayudando para dar las entradas conforme fuera necesario.  Dicho sea de paso, existen católicos que nos dan lecciones a los cristianos en cuando a convicción y entrega, puesto que como dice C.S. Lewis, en su núcleo, ortodoxos, católicos, anglicanos, luteranos y evangélicos, todos creemos lo mismo (o por lo menos debiésemos).  De esa clase de personas es Fernando y su ahora esposa, Iliana.

Rebobinando la cinta todavía algunos años hacia atrás, recuerdo haberle prometido al hombre durante una cena en un restaurantito bastante agradable localizado en el último piso de un centro comercial en China, y después reiterado dicha promesa en un departamentito que compartimos en un rancho empedrado que se llama Komárom en Hungría, que le compondría la música para su boda, y que incluso dirigiría una orquestita improvisada a toda prisa.  Es de esas veces que haberle invertido varias horas diarias durante lustros a la música rinde satisfacciones no obtenibles de otra manera.

A la señal de la entrada de la novia, le indiqué al concertino–muchacho bastante virtuoso, por cierto–que comenzara una cadencia armado de su violín, y la bóveda se llenó de música.  “…porque han llegado las bodas…”  Aunque la primera ejecución estuvo repleta de errores aquí y allá, como un todo y en conjunto, íba aprendiendo al mismo tiempo que los músicos.  Aguardé pacientemente al paso del orden de la liturgia, y cada vez que alzaba mis brazos, ellos levantaban sus instrumentos expectantes.  Agito los brazos, primero hacia abajo, hacia adentro, hacia afuera, hacia arriba, describiendo con energía una cruz en el aire para indicar los tiempos del compás.  No soy director, ni tengo habilidad innata para serlo, pero en esos momentos, teniendo más que la habilidad, la autoridad para repartir indicaciones que le pidiesen a los intérpretes la expresión con la cual habían de leer las notas, se produce una sensación grandiosa, parecida a la de estar viajando unido a ese dichoso hilito de plata de al principio, y esperanzadamente, evitando gallos atómicos en la medida de lo posible.  Al contrario de muchas bodas–bastantes, debiera de decir, (aunque no todas) que son aburridas en extremo, y que prácticamente sacan lágrimas de aburrimiento,–pude notar que la gente nunca perdió el interés en la ceremonia.

Radiantes en extremo, los novios intercambiaron votos.  Creo que pude entender un poco esa escritura que dice que, “el amigo del novio le escucha y se alegra con él”.  Creo que debí de haber escrito y publicado estos pensamientos inmediatamente después de que se dieron las cosas, sin embargo no fue del todo posible.  O más bien digamos que hasta este momento pude darme a la tarea de sacar este borrador del archivero donde estuvo guardado.  Son de esas experiencias donde uno puede darse de una manera especial y en donde los amigos–todos los músicos que me brindaron su apoyo y su talento–se convierten en una extensión de uno mismo para hacer una demostración a éste mundo de que el aprecio desinteresado y el amor fraternal no fingido son todavía posibles.  Ahora que recuerdo con un poco de más claridad, creo que simplemente colapsé cuando llegué a casa, como uno de esos que no tiene ni la más mínima idea de como logró llegar en una sola pieza.

Tanto así que tuvimos que repetir varios de los cantos a petición del mismo director de la misa, que es un hombre que conozco personalmente, y que ha sufrido más de lo que muchos de nosotros tendremos que sufrir durante toda una vida (y eso lo califica como alguien que merece aprecio y respeto), mientras toda la congregación batía las palmas con un entusiasmo inusual.  Estar en medio de todo eso, y no solamente en medio, sino dirigiendo los sonidos triunfales que celebran un pacto delante de de Dios y de los hombres… puedo decir que todas esas horas de trabajo, tensión y llana angustia pagaron con creces su cometido.

Sobre todo porque la aprobación de Dios mismo podía palparse en el ambiente.  Hoy en día la gente se casa y se divorcia con la misma ligereza con lo que los adolescentes (que adolecen, a quienes debiera de negárseles el sacrosanto derecho de votar–por lo estúpido que suele ser uno a esa edad–) “andan” y dejan de “andar”.  Estos dos, Iliana y Fernando, pasaron por algunas que le darán a su matrimonio una solidez que el mundo anhela ver.  Eso no significa que no vaya a haber problemas.  Dios tiene la costumbre de enviar cierta clase de problemas muy significativos no como resultado del pecado, sino como medios a través de los cuales su Gloria puede manifestarse de un manera mucho más patente que si todo fuera color de rosa.

Es por eso que esta clase de bodas valen por diez de las acostumbradas.




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