Acabo de comenzar, como algunos de ustedes ya saben, esta modalidad en línea del FC. Hace algunos años, si alguien deseara ver los artículos de su pluma publicados en algún lugar, era necesario darse a respetar, construir credibilidad, tener una ortografía y redacción impecables, hacer sacrificios. Como siempre, hay personas que se saltan todo eso por medio de sobornos y adulaciones, pero olvidémonos de ellos por un momento. Lo que quiero decir es que no cualquiera podía sentarse a escribir lo que le pasara por la cabeza y lanzarlo para que estuviese a disposición de una ciudad sin tener que recibir la aprobación de media docena de personas más.
Hoy en día la historia es muy diferente.
Cualquier idiota que sepa usar un teclado (incluyendome a mí), puede publicar lo que quiera, cuando quiera y hacerlo disponible para el resto del mundo. Cada vez que entro a mi cuenta de wordpress, tengo que pasar por la página de inicio. No creerían la clase de chocarrerías que pueden encontrarse con cuestión de minutos. Y hay cosas que hacen que uno se vuelva más tonto por el mero hecho de leerlas. Un lugar especial está reservado para las así llamadas “teorías de conspiración.” Odio esas cosas a más no poder. Es aquella clase de gentes que dicen que los ataques terroristas del 11 de septiembre fueron realizados por el mismo gobierno gringo, o que el SIDA fue creado por occidente para matar negros y gamberradas semejantes.
Si no se llevan nada más al leer esto, me daré por bien servido con que solamente mediten en esto unos segundos: uno va a creer lo que quiere creer.
Eso significa que uno tiene la predisposición a aceptar algo como verdadero si se trata de una cosa que apele a las ideas que uno ya trae. Eso significa que si yo realmente creo que George W. Bush es nada menos que Satanás encarnado, voy a tragarme cualquier cosa que conlleve dicha idea, aun a pesar de la construcción del argumento o de la completa y crasa ausencia de bases para el mismo. Se necesita ser muy estúpido, o muy perezoso o tener demasiadas de esas ideas preconcebidas para creer, por ejemplo, que las Torres Gemelas de Nueva York fueron fueron destruirdas por explosivos colocados por el mismo gobierno de los Estados Unidos. El sarcamo da como para llenar centenares de tiras cómicas al respecto (dicho sea de paso, dije que una de las posibilidades es que se fuera “perezoso”, puesto que no se necesitan más de 10 minutos y de un par de búsquedas en google para encontrar información seria, documentada y evidenciada que tumba punto por punto, los alegatos más comunes a favor de una conspiración). Todavía es hora–y ya no debiera de sorprenderme–de que cuando discuto algo que se presta a la polémica y llega el punto donde pregunto, “y bien, ¿que evidencia/datos/pruebas/argumentos bien sustentados tienes a favor de eso?”, casi invariablemente recibo un encogimiento de hombros por respuesta.
Ahora hablemos de cerdos.
Ya recibí varias veces un email que contiene una de tantas “teorías de conspiración” alegando que este nuevo brote de influenza en México fue plantado nada menos que por el Fondo Monetaril Internacional, el gobierno gringo, el mismísimo gobierno mexicano y la industria farmacéutica, alegando que se trata de demasiada coincidencia que la epidemia haya comenzado a la par de la visita del mandatario estadounidense a nuestro país, y con la inyección de 100 millones de euros para la construcción de una fábrica de vacunas francesa.
Según dicho email, es necesario que haya guerras y epidemias para mantener a flote la economía mundial. Como la cosa andaba muy quieta, fue necesario que aquellos que gobiernan el mundo desde lo alto de una torre en un cuarto con pesadas cortinas de terciopelo negro, muebles de caoba y chimenea, planearan plantar un virus de nuevo desarrollo en México, por convenir a sus propósitos por múltiples razones. Se brindó con champagne, se sirvieron aperitivos de caviar y los miembros representantes del G7 intercambiaron sonrisas de satisfacción al tiempo que un agente secreto partía al Distrito Federal con un maletín conteniendo un nuevo cultivo de A/H1N1.
En un principio, era mi opinión que un brote de influenza no era para tanto, y que el gobierno de nuestro país, junto con los medios de comunicación, estaba haciendo demasiao humo para de alguna manera afectar las próximas elecciones de alguna manera, pero esta clase de rumores elevan el grado de estúpido a un nivel sin precedentes.
Volviendo al argumento de al principio, donde aseguro todos nos creemos con gusto las cosas que nos queremos creer, es má fácil hacerlo todavía sin la evidencia apropiada. Encontrar un despacho de prensa conteniendo los detalles del anuncio de que Sanofi Aventis deseaba colocar la nueva planta de vacunas en Mexico con una inversión de 100 millones de euros con fecha nada menos que del 9 de Marzo del año en curso. El email alega que dicha declaración fue hecha el 27 de abril. ¿Para qué la grosera mentira? Para darle ese chimentito de espeluznante al asunto. Lo gracioso es que no me costó más de 5 minutos encontrar la información haciendo una búsqueda en google. A donde quiero llegar es que los argumentos blandidos por el “paladín de la justicia” (mentiroso, por cierto) autor del email se caen porque no tienen sustentación ni científica, ni económica, ni moral (media vez que usas de una mentira para disfrazar tus argumentos más pesados, todo el artículo no tiene perdón).
Científicamente hablando, porque esta variedad de gripe porcina muy probablemente es el resultado de la mutación de un virus que combina información genética de tres especies. Muchos granjeros mantienen a sus animales (aves y ganado) no necesariamente separados. Metan a un humano en la mezcla, y tenemos un nuevo brote de influenza A/N1H1. Los antivirales, que “cortan” el ciclo del virus como Tamiflu y Relenza son efectivos porque el código no ha mutado. Dicho sea de paso, estos no son “vacunas” en el sentido de que previenen la enfermedad, sino que ayudan a que ésta ceda más pronto.
Económicamente hablando, porque cualquier eventualidad que requiera medidas como cerrar restaurantes y cancelar eventos públicos, sin importar que se le inyecten toneladas de dinero a la industria farmacéutica, va a perjudicar el movimiento de circulante. No se necesita un doctorado en economía y finanzas para darse cuenta de que de cerrarse la frontera, las pérdidas económicas serían catastróficas para el comercio internacional, empezando por el de México. Así que no me vengan con que Felipe Calderón lo planeó después de su reunión con el Sr. Obama. Decir algo así es no tener verguenza al ridículo. Pero lo más triste es que haya gente que lo crea. ¡Por ahí acabo de leer la sugerencia de alguien, de que se trata de un virus enviado por los norcoreanos desde el satélite que acaban de lanzar!
Ahora bien, sí se trata de una enfermedad grave no tanto por el cuadro de síntomas, sino por el alto grado de contagio. No es lo mismo que me enferme yo de pulmonía a que setescientas personas que tengan servicio en el mismo hospital lo hagan al mismo tiempo. ¿Dónde acomodamos a toda esa gente y de dónde sacaríamos medicamentos para todos? Como ahorita nos ha agarrado todo de sorpresa, lo mejor que se puede hacer es prevenirlo.
Alberto Palacios, MD, FACP, líder del Departamento de Inmunología y Reumatología del Hospital Angeles del Pedregal en la ciudad de México recomienda:
A) aislarse moderamente, es decir, no acudir a lugares públicos o eventos multitudinarios y evitar en lo posible transportes públicos sobrecargados.
B) evitar contacto con enfermos respiratorios o con enfermos crónicos y debilitados.
C) NO perder tiempo en vacunarse o conseguir vacunas del 2008/2009 que no protegen contra esta cepa porcina y que además, no producirán anticuerpos sino hasta dentro de 2 semanas.
D) hidratarse bien, comer sano y definir si hace falta salir de casa, acudir a la escuela o centros de trabajo, visitar centros de entretenimiento o mejor aún, cancelar toda actividad pública (esto naturalmente depende del estado de salud de cada persona y cada familia).
E) la Secretaria de Salud está concentrando los medicamentos antivirales que parecen neutralizar este virus, y lo está haciendo a marchas forzadas. Sé que serán usadas de manera justa y adecuada por información fidedigna. NO hay suficientes para todos y debemos priorizar a aquellos que contraigan la “gripe porcina”. NO hay tiempo para una vacuna eficiente y universalmente disponible. Tampoco hay tiempo ni manera de prevenir con medicamentos los brotes no confirmados. Lo mejor es tomar medidas preventivas y evitar contagios.
F) En caso de tener fiebre alta, dolores musculares, tos o escurrimiento nasal de aparición rápida, consulten a su médico de confianza. El o ella sabrán que hacer.
Como marco a todo lo que ha venido ocurriendo, un terremoto sacudió la ciudad de México el 27 de Abril a las 11:46 de la mañana. Enfermedades y terremotos.
Enfermedades y terremotos… ¿donde he leído eso antes?
Ah, sí.
“Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares. Pero todo esto es solo principio de dolores.” –Jesús, al preguntarle sus discípulos acerca del tiempo de Su venida.
Le planteé la cuestión a cierta persona, a manera de prueba. Su respuesta fue la siguiente: “¿Cuándo no ha habido guerras, hambres, pestes o terremotos? ¡Siempre los ha habido!”
Lo que viene detrás de esa respuesta, por asociación, es que no debemos de preocuparnos en el sentido de que la Venida de Dios a dar al traste con todo lo que está mal en el mundo no está cerca. Bien pudiera uno preguntarse si Jesús no fue demasiado genérico en su descripción del fin. Pero hay muchos otros detalles en ese pasaje de Mateo capítulo 24 que no podría abarcar en libros enteros, como las referencias al Libro de Daniel o el papel de la nación física y actual de Israel en este embrollo, pero lo que sí puedo decir es que hay cierta urgencia en estos eventos que siento–sé que no estoy siendo del todo objetivo, pero necesito usar esa palabra–que no debemos de simplemente ignorar. Toda la primera parte entera del libro del profeta Jeremías es un solo clamor de parte de Dios para que los hombres se arrepientan y le busquen. ¿Por qué no hemos de hacerlo?
Todas estas cosas no son sino una especie de llamada de atención. ¿Que haremos? ¿Que la vida siga como siempre? ¿O habrá alguien que se detenga en seco y musite las siguientes palabras, que bien pudieran salvarle la vida: “¡Dios mío! ¿Qué he hecho?”
Si cosas como estas no son capaces de llamarnos la atención, quizás cuando ocurran las que sí lo hagan, será demasiado tarde.