Mi nombre es Homero Medrano Soto. Cristiano. Ingeniero común y corriente. Escritor aficionado. Músico empírico. Dibujante un poco por encima del promedio. Estuche de monerías. Si hubiera un refrán que pudiese describirme, ese sería “el que mucho abarca, poco aprieta”. Pero le haría un mal servicio a Dios si no pusiera a trabajar las cosas que me ha dado. Ahí donde tenga un poco de percepción, tan solo un poco más clara que la del resto, se convierte en mi deber, responsabilidad y obligación señalar aquellas cosas que necesitan ser denunciadas, por dos razones: para cumplir con la ya mencionada responsabilidad, y para que nadie que escuche lo que yo tenga que decir pueda musitar “no lo sabía”.
El nombre de estos ensayos nació de una forma tan poco memorable que no recuerdo en absoluto cómo sucedió hace ya más de tres años. Pero en retrospectiva, creo que ningún otro nombre le vendría mejor. Todo lo que hay en este mundo milita contra aquello que es ETERNO. Toca al mundo en ese punto y verás cómo se abalanzan sobre tí con furia exagerada. Sin embargo, es mi deber alzar la voz desde la trinchera, mientras que las balas silben por encima de mi cabeza.
Estos días son especiales. Quizás los últimos en una larga serie de días que dibujan la historia de la humanidad. Una característica intrínseca a este tiempo es que a lo malo se le llama bueno y a lo bueno se le llama malo. Y eso amigo lector, no debe de ser así.
El Fuego Cruzado es un esfuerzo pequeño entre todos los esfuerzos realizados para que los hombres vean, adviertan, perciban y entiendan que la mano de Dios está detrás de todas las cosas.
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